viernes, enero 28, 2005

el roto y la sátira

Andrés Rábago García nació en Madrid en 1947. Durante el régimen de Franco, desarrolló su actividad creativa con el seudónimo de Ops en las publicaciones Hermano Lobo y Triunfo. Conforme obtuvo reconocimiento profesional y apreciación decidió adoptar un segundo heterónimo: El Roto, por el que aún es conocido.

Los dibujos de El Roto son siempre inquietantes. Su trazo negro, grueso y esquemático, ilustra paisajes y figuras desoladas, como supervivientes de una catástrofe física y moral, y sus viñetas recuerdan en su esencia el espíritu crítico de los grabados de Goya. El Roto denuncia con sarcasmo todas las formas de corrupción, las guerras y sus oscuros móviles, las catástrofes ecológicas, los abusos inmobiliarios, la precarización del sistema social y la desesperanza de los explotados.

¿Qué diferencia la realidad de su sátira y viceversa? En sus viñetas, El Roto se limita a tomar escenas y situaciones de la realidad y despojarlas de sus coartadas contextuales: las contradicciones aparecen como amargas evidencias, cuya crudeza sorprende y provoca, más que una risa, una mueca, un cabeceo o una sonrisa lánguida.

Esto es lo que El Roto dice acerca de la sátira:

«La sátira, tal y como yo la veo, no puede moverse en el territorio de la duda, lo que no digo que probablemente sea un defecto. No se puede esperar de ella una indagación filosófica, sino el reflejo de una situación determinada, vista por una mentalidad determinada. Su territorio está restringido. No abarca toda la realidad, sino una parte de ella desde el trasluz de un sistema de pensamiento. Pero si ese sistema es fluctuante, si es inseguro, no creo que la sátira tenga ninguna eficacia. Si lo que uno tiene son dudas, es mejor que se dedique a la poesía o a otros lenguajes más apropiados para ello. La sátira trabaja con hechos consumados, con historias más o menos aceptadas.» (Ibidem)
«No cabe duda de que el dibujante satírico es un agente moral de una sociedad determinada, moral o ético, porque tampoco distingo muy claramente ambos calificativos. Es un agente moralizador de una sociedad, que ejerce un papel determinado, yo creo que socialmente saludable, zahiriendo ciertos comportamientos que considera que van en contra de lo que se entiende por bien común. Creo que ese aspecto es necesario dentro de las sociedades, y para eso considero que la sátira tiene una cierta relevante función social, que es hoy menor quizá porque los medios de comunicación actuales, cuando se acercan a ella, lo hacen con una dimensión de espectáculo y entretenimiento que no es su función esencial, y dejan de lado esa vertiente censora y moralizadora que les es más propia.» (Entrevista de Felipe Hernández Cava a El Roto, en el prólogo de El pabellón de Azogue, Círculo de Lectores).


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De un tiempo a acá estoy fascinado con los comics (o "novelas gráficas" como dicen los fijados). Me gustan un harto las de Daniel Clowes. Ah, y las de Art Spiegelman. Y Robert Crumb.
Y "Y: The last man".

10:22 a. m.  
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También me laten los comics, pero ya me desconecté bastante, sobre todo de la serie Sandman de Neil Gaiman. Voy a echar un vistazo al castillo de los comics un día de estos.

10:27 p. m.  

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